Lección 09 Marzo 01 de 2026
PARA LOS NIÑOS “El Ruego de la Iglesia”
Propósito: Enseñar que la oración es fundamental en la vida del cristiano, y que Dios, en su misericordia, escucha a sus hijos.
Introducción: Hemos aprendido a dirigirnos a Dios mediante la oración. Oramos para darle gracias, para glorificar su nombre y para pedir sabiduría, entre otras cosas. Pero cuando nos acercamos al Padre con insistencia, suplicándole que obre en medio de una necesidad urgente, estamos rogándole. Así lo hizo David, quien clamó a Dios que le ayudara en la injusticia que estaba atravesando (Salmo 143.1).
I. Por los Siervos del Señor, vv. 23-30
Pedro y Juan buscaron a los demás creyentes para contarles que los gobernantes judíos les habían prohibido, con amenazas, predicar en el nombre de Cristo. La iglesia recibió a estos varones en oración; juntos rogaron en voz alta al Señor, quien es el Creador y Soberano, el que gobierna con autoridad sobre todo lo que existe (Isaías 40.12-31). Citaron el Salmo 2.1-2 para recordar que aquellas palabras se cumplieron en la muerte de Jesús, el Ungido de Dios, conforme a su plan. Y comprendieron que, al cumplir la encomienda de llevar el evangelio hasta lo último de la tierra, también pasarían por afrentas semejantes. Entonces, si el Señor tiene el control de todo, no rogaron por ser librados de la autoridad de aquellos hombres peligrosos, sino que pidieron que Él les diera valor y fortaleza para predicar el Evangelio sin temor, y que el poder divino continuara obrando maravillas en el nombre de Jesús.
II. Confortó a los Mensajeros, v. 31,33
Dios, que es lleno de misericordia, respondió al ruego de sus hijos, y apenas terminaron su oración, el lugar donde estaban reunidos tembló. Pero el acto particular de la respuesta divina fue el derramamiento del Espíritu Santo sobre todos los que estaban congregados, de modo semejante a lo ocurrido el día de Pentecostés (Hechos 2.4). El Espíritu Santo los consoló, conforme a la promesa de Cristo en Juan 14.16: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre”. Además, les concedió la confianza que pidieron para predicar el Evangelio sin temor alguno, y recibieron también el favor divino en todo lo que decían y hacían. Se esforzaron en testificar de la resurrección del Señor Jesús, porque a través de ella los creyentes mantenemos viva la esperanza de la vida eterna que el Salvador ganó con su preciosa sangre, para beneficio de los escogidos (1 Corintios 15.20-22).
III. Produjo Unidad, vv. 32, 34-37
La fe de aquellos creyentes se manifestó en una vida fructífera, llena de amor fraternal y de personas generosas que no tenían apego a las riquezas de este mundo. Vivían unidos y se apoyaban en sus carencias; si era necesario, vendían sus posesiones. Así, José el levita, de Chipre, conocido como Bernabé, vendió su heredad y entregó todo el dinero a los apóstoles para su administración. Lamentablemente, esta práctica sufrió abusos; razón por la cual, posteriormente, el apóstol Pablo, inspirado por Dios, dio instrucciones respecto a la ayuda que debe darse a los hermanos de las iglesias: “Porque oímos que andan algunos entre vosotros fuera de orden, no trabajando en nada, sino ocupados en curiosear. Y a los tales requerimos y rogamos por nuestro Señor Jesucristo, que, trabajando con reposo, coman su pan.” (2 Tesalonicenses 3.11-12
Conclusión: Queridos niños, cuando atraviesen dificultades, peligros o enfermedades, busquen a Dios en oración. Él es fiel y siempre responde con poder a nuestros ruegos, conforme a su voluntad. Asimismo, oremos para que podamos practicar la generosidad hacia nuestros hermanos en la iglesia.
CATECISMO INFANTIL
Pregunta No. 42
¿Porque nadie puede ser salvo por medio de la alianza de obras?
Respuesta: Porque todos la han quebrantado y están condenados por ella.


