Lección 10 Marzo 08 de 2026
PARA LOS NIÑOS “El Fraude de Ananías y Safira”
Propósito: Mostrar que nada puede ocultarse de la vista de Dios; Él conoce perfectamente el corazón del hombre, no se le puede mentir, y debemos hablar con verdad para evitar el castigo.
Introducción: En la lección anterior aprendimos que la iglesia mostró generosidad ante las necesidades de los demás. ¿Recuerdas el nombre de aquel levita que vendió su heredad para ayudar? Sí, fue José, un hombre de noble corazón. Pero no todos eran así; hoy hablaremos sobre la vida de dos personas que realizaron una acción deshonesta.
I. La Falsedad en su Ofrenda, vv. 1-2
Ananías y Safira eran esposos. Tenían una heredad que vendieron, siguiendo el ejemplo de Bernabé. Trajeron el dinero para que los apóstoles lo administraran, asegurando que lo entregaban de forma íntegra por el precio total, a fin de recibir prestigio por su bondad. Pero mintieron, porque previamente habían acordado dejar parte del dinero en su casa para fines personales. Pretendieron engañar a todos y se hicieron cómplices del fraude por su ambición y codicia. La ofrenda que llevaron no agradó a Dios, porque fue presentada con hipocresía, deshonestidad, avaricia y orgullo. Recordemos que “El sacrificio de los impíos es abominación á Jehová.” (Proverbios 15.8)
II. Una Mentira contra el Espíritu Santo, vv. 3, 4, 7, 8, 9
Para la iglesia, este acto fue muy bueno y generoso, pero no ante Dios, quien conoce todas las cosas: “Los ojos de Jehová están en todo lugar, mirando a los malos y a los buenos.” (Proverbios 15.3). Pedro le dijo a Ananías que Satanás lo había inducido a mentir, y no a los hermanos, sino al Espíritu Santo, en la venta de una heredad que nadie les había pedido. Niños, no olviden que el diablo es el padre de la mentira (Juan 8.44). Después de tres horas llegó Safira y respaldó la mentira de su esposo, demostrando que ambos estaban de acuerdo en defraudar. Debemos tener cuidado de no encubrir ni solapar a nuestros familiares en las cosas malas que hacen.
III. Su Castigo, vv. 5, 6, 10, 11
El fin de ambos es lamentable; la falsedad de sus hechos ante el Dios de la verdad los hizo merecedores de castigo, como todo pecado lo merece. Este caso nos recuerda el de Acán (Josué 7.1-26); él y toda su familia fueron cómplices: tomaron lo consagrado al Señor y lo escondieron en su tienda; por su falta murieron. En esta historia, el primero que murió fue Ananías; su muerte fue instantánea y no fueron velados, pues los sepultaron de inmediato. Luego murió Safira; los mismos que sepultaron a su marido la llevaron también a sepultar a ella. La iglesia aprendió a andar con cuidado, pues tuvo temor de lo que había acontecido.
Conclusión: Queridos niños, jamás intentemos engañar a Dios; Él conoce nuestros pensamientos y todo nuestro ser. Debemos aprender a decir la verdad y a conducirnos con honestidad. Por otra parte, la Escritura dice que “el amor del dinero es raíz de todos los males” (1 Timoteo 6.10); por lo tanto, pidamos a Dios que nuestro corazón no se apegue a las riquezas de esta vida, para no pecar en ese aspecto.
CATECISMO INFANTIL
Pregunta No. 43
¿Con quién hizo Dios padre la alianza de gracia?
Respuesta: Con Cristo su Hijo eterno.


