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Lección 06 Febrero 08 de 2026

  • Admin
  • 6 feb
  • 4 Min. de lectura

PARA LOS NIÑOS “La Sanidad de un Cojo”

Propósito: Mostrar a los niños que solo en el nombre del Señor Jesucristo podemos ser sanos y salvos. Por esta razón, al elevar la oración, siempre debemos pedir a Dios en el poderoso nombre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Introducción: Los primeros cristianos, a pesar de las actividades que tenían como iglesia, no se separaban de sus costumbres judías. Por esta razón, Pedro y Juan subían al templo a la hora de la oración. Las horas de oración designadas para los judíos eran la tercia y la nona o novena (que en nuestro horario serían las 9 de la mañana y las 3 de la tarde) Hch. 10.3, 30. Los judíos que podían hacerlo acudían al templo para estar presentes durante esas horas oficiales de oración. El milagro que estudiaremos en esta lección tuvo lugar a la hora nona; al parecer, esta era la hora del sacrificio de la tarde, cuando entraba el sacerdote que ofrecía el incienso. Lucas, en su evangelio, narra que Zacarías, cuando entró al templo para ofrecer el incienso, recibió un mensaje especial por medio de un ángel Lc. 1.8-11; y fue que, a esa misma hora, se realizaría un milagro excepcional: la sanidad de un cojo de nacimiento.

 

I. En la Puerta la Hermosa, vv. 1-5

Era la hora nona (las tres de la tarde en nuestro horario) cuando Pedro y Juan subían juntos al templo de Jerusalén, porque los primeros creyentes judíos, después de que se formara la iglesia, seguían asistiendo a los servicios del templo, como siempre lo habían hecho. Cuando los dos apóstoles se acercaron al templo, vieron a varios hombres que llevaban a un hombre que había nacido cojo, para dejarlo en la puerta del templo que se llama la Hermosa. Esta persona, seguramente, había abandonado toda esperanza de ser sanada para volver a caminar y, por su necesidad —ya que no podía trabajar como las demás personas—, tenía que pedir limosna. Cuando aquel hombre cojo vio a Pedro y a Juan que estaban por entrar al templo, les rogó que le dieran algún dinero; pero Pedro y Juan, mirándolo fijamente, le dijeron: “Míranos.” Aquel hombre, muy atento, los miró esperando recibir alguna moneda, pero recibiría algo mucho mejor que dinero.

 

II. Por Obediencia y Fe, vv. 6-7

Aquel hombre que pedía limosna escuchó de Pedro un mensaje que no esperaba, porque el apóstol le dijo: “Ni tengo plata ni oro; mas lo que tengo te doy: en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.” Pedro no tenía dinero para darle, pero poseía algo mucho más valioso: el poder de obrar un milagro en la omnipotente autoridad del nombre de Jesucristo de Nazaret. Por eso le dio la orden al hombre cojo: “Levántate y anda.” Aquel hombre, que solo había pedido una limosna, recibió algo infinitamente más valioso: la restauración completa de sus pies para poder caminar. Cuando Pedro lo tomó de la mano derecha para levantarlo, milagrosamente sus pies y tobillos fueron sanados y se fortalecieron. Esos mismos pies, que antes no podían sostenerlo, ahora se afirmaban, se enderezaban y sanaban por el poderoso nombre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

 

 

III. Su Alabanza a Dios, vv. 8-10

El milagro de sanidad en aquel hombre cojo fue inmediato, no gradual; es decir, no tuvieron que hacerle una cirugía ni necesitó terapia física por algún tiempo, nada de eso. La Palabra de Dios describe que su sanidad fue realmente admirable, porque lo primero que hizo fue saltar para ponerse de pie, y, para su sorpresa, sus pies lo sostuvieron con firmeza para poder caminar. Lo primero que hizo fue entrar al templo con Pedro y Juan; caminaba y saltaba de contento, algo que nunca había podido hacer, y por ello no olvidó alabar a Dios con un corazón agradecido. Todos conocían a ese hombre que pedía limosna sentado junto a la puerta del templo; ahora lo veían sano y se maravillaban de lo sucedido. El pueblo no podía negar que se trataba de un gran milagro. Nosotros, al igual que este hombre, no olvidemos asistir al templo antes que a cualquier otro lugar, para alabar con agradecimiento al Señor cuando nos conceda la salud.

 

Conclusión: Niñitos, cuando recordamos el lento proceso por el que pasa un bebé para aprender a caminar, nos damos cuenta de lo maravilloso que fue este milagro. Un niño camina entre los 12 y 18 meses de edad, más o menos, en un proceso gradual no menor de tres meses, que incluye el logro de sentarse sin que lo sostengan, gatear y ponerse de pie con apoyo. La mayoría de los niños logran caminar después de un tiempo de entrenamiento. Pero, en el caso del hombre que había sido cojo desde su nacimiento, por primera vez en su vida pudo dar saltos inmediatamente; esto fue algo verdaderamente sorprendente. Este milagro, realizado en el nombre del Señor Jesucristo, fue un testimonio para el pueblo de Israel de que “Aquel que ellos habían crucificado vivía y podía ser su Sanador y Salvador.” Niñitos, la Biblia nos dice: “Y en ningún otro hay salud; porque no hay otro nombre debajo del cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.” Por eso, no olvides elevar tu oración siempre pidiendo todo en el poderoso nombre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

 

 

CATECISMO INFANTIL

Pregunta No. 39

¿Cómo se llama esta mudanza de corazón?

Respuesta: Regeneración.


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