Lección 09 Marzo 01 de 2026
“El Ruego de la Iglesia”
MATERIAL BÍBLICO
1. Lecturas Diarias
Domingo | La oración que Dios escucha. Salmo 34.15-22
Lunes | La iglesia persevera en la oración. Hechos 1.12-14
Martes | La oración en medio de la persecución. Hechos 4.23-31
Miércoles | Dios fortalece a Su pueblo. Isaías 41.8-13
Jueves | La oración eficaz del justo. Santiago 5.13-18
Viernes | Perseverancia en la fe y en la doctrina. Hechos 2.42-47
Sábado | La comunión y generosidad cristiana. Hechos 4.32-37
2. Lectura Devocional:
Lucas 18.1-14
PASAJE IMPRESO:
Hechos 4.23-37
23 Y sueltos, vinieron a los suyos, y contaron todo lo que los príncipes de los sacerdotes y los ancianos les habían dicho.
24 Y ellos, habiéndolo oído, alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron: Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, la mar, y todo lo que en ellos hay;
25 Que por boca de David, tu siervo, dijiste: ¿Por qué han bramado las gentes, y los pueblos han pensado cosas vanas?
26 Asistieron los reyes de la tierra, y los príncipes se juntaron en uno contra el Señor, y contra su Cristo.
27 Porque verdaderamente se juntaron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, al cual ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los Gentiles y los pueblos de Israel,
28 Para hacer lo que tu mano y tu consejo habían antes determinado que había de ser hecho.
29 Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y da a tus siervos que con toda confianza hablen tu palabra;
30 Que extiendas tu mano a que sanidades, y milagros, y prodigios sean hechos por el nombre de tu santo Hijo Jesús.
31 Y como hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaron la palabra de Dios con confianza.
32 Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma: y ninguno decía ser suyo algo de lo que poseía; mas todas las cosas les eran comunes.
33 Y los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con gran esfuerzo; y gran gracia era en todos ellos.
34 Que ningún necesitado había entre ellos: porque todos los que poseían heredades o casas, vendiéndolas, traían el precio de lo vendido,
35 Y lo ponían a los pies de los apóstoles; y era repartido a cada uno según que había menester.
36 Entonces José, que fue llamado de los apóstoles por sobrenombre, Bernabé, (que es interpretado, Hijo de consolación) Levita, natural de Cipro,
37 Como tuviese una heredad, la vendió, y trajo el precio, y púsolo a los pies de los apóstoles.
COMENTARIO BÍBLICO
4.23-30 Y sueltos, vinieron á los suyos… Las causas de Dios siempre serán justas y no hay nada que se pueda hacer en contra de ellas. Los discípulos del Señor se reunieron nuevamente con la Iglesia; los hermanos se gozaron al verlos libres y dieron la gloria y la honra a nuestro Dios, elevando una fervorosa oración por los siervos del Señor, oración que aún hoy nos alcanza. Así comprendemos cuán importante es la oración unánime de la Iglesia para que la obra de Dios se sostenga en este mundo tan lleno de maldad.
4.31, 33 Y como hubieron orado… La oración realizada ese día fue especial y hecha con gran conocimiento de la Palabra de Dios y de las promesas dadas a los fieles. Dios se manifestó en aquella ocasión en que la Iglesia oró por sus siervos, para que pudieran predicar por todas partes sin impedimento alguno. El lugar tembló, mostrando que el Señor estaría pendiente de sus hijos en todo momento.
4.32, 34-37 Y la multitud de los que habían creído… Qué grande bendición es cuando el pueblo de Dios es unánime en todo lo que hace; el resultado es el crecimiento en todos los aspectos, principalmente en lo espiritual. Las divisiones en las iglesias locales detienen el avance de toda obra y proyecto. Por eso es necesario recordar cómo se conducía la Iglesia de Cristo en sus inicios y cómo obtuvieron gran crecimiento, pues se dedicaron a hacer la voluntad de Dios y no la de los hombres.
TEXTO AUREO:
Hechos 4.31
“Y como hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaron la palabra de Dios con confianza.”
LUCES DEL TEXTO AUREO
Después de ser liberados por el sanedrín, Pedro y Juan informaron a los discípulos, y juntos se entregaron a la oración. La respuesta divina fue asombrosa: una gloriosa manifestación del poder del santo Evangelio de Jesucristo, capaz de conmover y derribar toda oposición. El Espíritu Santo descendió sobre todos, primero dándoles la confianza necesaria para hablar la Palabra de Dios con denuedo, y luego produciendo una unidad profunda que eliminó el egoísmo y fortaleció el amor cristiano.
PREPARACIÓN DE LA LECCIÓN
Punto Histórico
Tiempo:
Escrito entre el 60-62 d. C.; los acontecimientos ocurrieron poco después de la fiesta de Pentecostés, alrededor del año 30-33 d.C.
Lugar: En Jerusalén.
Diccionario Bíblico
Bernabé. Hechos 4.36. Lit. ‘hijo de consolación’. Era el sobrenombre de un discípulo llamado Jesé. Perteneciente a la tribu de Leví y nacido en Chipre, fue compañero de Pablo, quien lo presento a los Doce (Hech. 15.39), y lo acompaño a Antioquia en el primero de sus viajes misioneros.
Verdad Central
Ante las amenazas, la Iglesia busca a Dios en oración unida y reconoce Su soberanía. El Señor responde llenándolos del Espíritu Santo y dándoles valentía para proclamar Su Palabra. Esta obra divina produce unidad, generosidad y testimonio poderoso, mostrando que solo Dios sostiene, fortalece y hace crecer a Su pueblo fiel.
Doctrina de la Lección
La oración es un medio de gracia esencial en la vida de la Iglesia, y por ello nunca debe descuidarse. En los momentos de dificultad, el pueblo del Señor presenta en oración lo que ha sucedido y clama para que Dios intervenga, defienda a su Iglesia y le conceda valor. Además, esta lección nos muestra la importancia de la unidad entre los creyentes, tanto en lo espiritual como en lo material. La generosidad y la disposición que caracterizaron a la iglesia primitiva nos dejan un ejemplo digno de imitar en nuestro servicio a Dios.
BOSQUEJO “El Ruego de la Iglesia”
Propósito:
Que la iglesia entienda el poder y la importancia de la oración unida; para que permanezca firme en la fe, fortalecida por el Espíritu Santo, mostrando unidad, generosidad y buen testimonio en medio de las adversidades.
Enseñanza Toral
La oración de la iglesia no es solo un medio para pedir, sino también es una forma de participar en la obra misionera para hacer avanzar el reino del Señor. En medio de las amenazas o adversidades, la iglesia se debe unir para interceder y reconocer la soberanía de Dios, pedir valentía y recibir poder. Esta oración debe producir unidad, generosidad y testimonio visible.
Introducción
La iglesia primitiva enfrentó oposición desde sus primeros días. Tras la liberación de Pedro y Juan, no se dispersaron ni cayeron en temor, sino que se volvieron a la oración. El pasaje de nuestra lección nos muestra cómo el pueblo de Dios respondió cuando fue perseguido: con oración, humildad y comunión fraternal. La oración no fue una reacción emocional, sino la expresión de una fe verdadera basada en un conocimiento certero del evangelio y la gran comisión.
I. Por los Siervos del Señor (vv. 23–30)
a) La oración como respuesta a la amenaza. Los apóstoles al ser liberados no se dispersaron ni se escondieron; en cambio, se congregaron para orar. Lucas señala que volvieron a los suyos —es decir, a los demás discípulos reunidos en el aposento alto— y les relataron todo lo que los dirigentes judíos les habían dicho. Como verdaderos discípulos de Jesús comprendieron que la verdadera victoria se encuentra en mantener una relación íntima con Aquel que dio su vida para salvarles y que, después de resucitar, ascendió al cielo para interceder por su pueblo (Heb. 7.25). Por ello, debemos resaltar que la iglesia primitiva no reaccionó con miedo, sino con oración.
b) Reconocimiento de la soberanía divina. La oración registrada en este pasaje cita el Antiguo Testamento, donde en varias ocasiones se emplean expresiones semejantes (Ex. 20.11; Neh. 9.6; Sal. 146.6; Is. 37.16), para reconocer que los poderes humanos se levantaron contra el Ungido, pero que, a pesar de ello, Dios sigue gobernando con poder y soberanía.
Es importante destacar que los dirigentes de la iglesia primitiva fundamentaron su oración en la Palabra de Dios, la cual interpretaron con exactitud bajo la dirección del Espíritu Santo. De este modo, su oración no fue una expresión de sentimentalismo, sino una intercesión madura, profundamente arraigada en las Escrituras.
c) Petición por valentía, no por escape. Los apóstoles no pidieron que cesaran las amenazas, sino que se les concediera hablar con denuedo, para que el evangelio fuera proclamado conforme a la gran encomienda del Salvador. Como bien resume Richard Baxter en El pastor reformado: “Orar por valentía es orar por fidelidad.”
La verdadera oración no busca comodidad ni se limita a los intereses temporales, sino que procura la gloria de Dios mediante una obediencia fiel. Este principio se halla expresado también en la pregunta número uno del Catecismo Menor de Westminster: “El fin principal del hombre es glorificar a Dios y gozar de Él para siempre.”
II. Confortó a los Mensajeros (vv. 31, 33)
a) El temblor como señal de la presencia divina. El lugar tembló. No fue un terremoto ordinario, sino una manifestación del Espíritu Santo. Dios respondió a la oración de la iglesia reunida con un poder evidente y estremecedor que les infundió seguridad. La promesa del Señor —“he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mat. 28.20b)— se hizo palpable una vez más. Ya en Pentecostés el Señor se había manifestado, llenando del Espíritu Santo a los apóstoles; y a lo largo del libro de los Hechos se registran otros acontecimientos semejantes que confirman Su presencia viva y poderosa.
b) Llenura del Espíritu Santo. La llenura del Espíritu Santo no es una experiencia emocional aislada ni el resultado del deseo meramente humano, sino una habilitación divina para el testimonio, la cual tiene como fundamento la Palabra de Dios. Quien se llena del Espíritu debe también estar lleno de la Palabra, pues ambas obras están unidas. Como declara la Confesión de Fe de Westminster (Cap. XIII.1): “La santificación es obra del Espíritu… por la morada de su Palabra y Espíritu en ellos.” Es esa llenura la que capacita al creyente para proclamar la verdad con confianza y fidelidad.
c) Continuidad en la misión. Los apóstoles no se detuvieron ante las amenazas. La gracia divina los impulsó a continuar con la obra. Así, la oración no fue un paréntesis ni un momento de pausa, sino un impulso para seguir predicando, para revestirse del poder divino y avanzar en la extensión del reino del Señor. La iglesia de Cristo no retrocede; sigue adelante en su misión, sostenida por el mismo Espíritu, y así lo ha hecho fielmente por más de dos mil años.
III. Produjo Unidad (vv. 32, 34–37)
a) Un corazón y un alma. La oración y la llenura del Espíritu producen una comunión sincera. El apóstol Pablo, al describir el fruto del Espíritu en la carta a los Gálatas (Gál. 5.22, 23), muestra la múltiple expresión de la obra del Espíritu Santo en el alma regenerada. Por lo tanto, en la comunidad de la iglesia primitiva se manifestaba un espíritu de entrega al Señor: entre ellos no había competencia, orgullo, altivez ni ninguna otra obra producida por la carne.
b) Surgió una generosidad voluntaria. En el relato del médico Lucas observamos una secuencia de eventos que, a manera de sincronía, muestran lo que el Espíritu produce en el corazón de quienes son llenos de Él. Los bienes se compartían en un acto libre y espontáneo; no hubo imposición ni obligación, sino solo amor.
La iglesia reflejaba las virtudes de aquellos que han sido llamados al Reino del Señor. Esta práctica de generosidad se extendió luego a otras congregaciones, como lo vemos en la iglesia de Corinto (2 Co. 9.6–7).
c) Testimonio visible. La entrega de recursos, como la de Bernabé, se convierte en testimonio, es este acto de liberalidad el ejemplo y la pauta que se establece para la iglesia cristiana de todas las épocas, es una expresión de profunda gratitud al Salvador, sin la infame búsqueda de honor, fama o respeto; actos que, por la espontaneidad y humildad de Bernabé, debió impactar significativamente a los demás hermanos, pero lamentablemente cualquier imitación, por el hecho de ser una imitación carece de aceptación divina. La unidad verdadera no es solo espiritual, sino práctica expresando con certeza el cumplimiento de la ley de Dios que es el amor (Rom. 13.8,10). “Los cristianos practicaban el uso común de la propiedad no la copropiedad” (Hendriksen)
Conclusión
La oración de la iglesia no debe ser un acto ritual que se cumple por deberes externos de religión; más bien, debe ser una respuesta viva al Dios soberano (Sant. 5.16). Ha de ser conocimiento de Dios en acción, comunión con Dios en medio de la lucha y testimonio efectivo en medio del mundo. Que nuestras reuniones de oración sean momentos donde la Palabra de Dios, el Espíritu y el evangelismo se encuentren en armonía. Como afirmaba Calvino: “La oración es el aliento del alma redimida.”
CATECISMO MENOR. Pregunta 74
¿Qué se nos exige en el octavo mandamiento?
El octavo mandamiento nos exige que procuremos y promovamos por todo medio legítimo la prosperidad y bienestar de nosotros mismos y de los demás. Lv. 25.35; Pr. 27.23; Dt. 15.10; Ef. 4. 28; Fil. 2.4.
APLICACIÓN DE LA LECCIÓN
ANÁLISIS SINTÉTICO | “El Ruego de La Iglesia” Hechos 4.23-37
1. Después de escuchar a los apóstoles
2. Alzaron unánimes la voz a Dios
3. Reconocieron a Dios como Creador y Rey Soberano
4. Dios se manifestó en la Iglesia
5. La Iglesia mostró una verdadera hermandad
Cuestionario
1. ¿Qué movió a la Iglesia a orar?
2. ¿Cuál fue el ruego de la Iglesia?
3. ¿Qué se dijo en la oración acerca de Cristo?
4. ¿Qué fue lo que manifestó la multitud de los creyentes?
5. ¿Qué aprendimos acerca del ruego de la Iglesia?
Enseñanzas Prácticas
1. En la lección de hoy, la Iglesia primitiva nos enseña, que las amenazas deben llevarnos a depender más del Señor y a suplicarle que nos de valor y fe para continuar con la predicación del Evangelio. Amados hermanos, unámonos en oración poniendo todo en las manos nuestro Buen Dios.
2. La verdadera hermandad que incluye unidad y amor, debe ser lo que distinga a nuestra Iglesia; para glorificar al Señor y dar un testimonio eficiente a los inconversos.
ILUSTRACIÓN: ¿A quiénes no quitará el bien?
Se cuenta del predicador D. L. Moody que hizo sobre el Salmo 84 un elocuente y persuasivo mensaje. Después del culto, una mujer le pidió que orase para que su marido fuese salvo, diciendo que ella lo había hecho durante muchos años. D. L. Moody se lo prometió, pero se atrevió a decirle: —Permítame preguntarle si usted ha cumplido la condición del versículo 11: «No quitará el bien a los que en integridad andan». Después de algún titubeo, la mujer respondió: —Me temo que no. Y finalmente se puso de rodillas, pidiendo al Señor perdón por sus faltas. Entonces, Moody oró muy seriamente por la salvación del marido. En los siguientes días, el hombre dio testimonio de aceptar a Cristo. Moody declaró más tarde que no solamente este, sino que muchos otros casos semejantes, casi milagrosos, se habían producido como respuestas a peticiones espirituales concedidas cuando los requisitos del Salmo 84 habían sido cumplidos por los que buscan la bendición celestial. Estimado hermano: puede darse el caso de que tus oraciones por las almas perdidas no te sean concedidas, porque «no caminas con integridad».


