top of page

Lección 06 Febrero 08 de 2026

  • Admin
  • 6 feb
  • 9 Min. de lectura

“La Sanidad de Un Cojo”

 

MATERIAL BÍBLICO

1. Lecturas Diarias

Domingo          | Sanidad del paralítico en Capernaum. Mateo 9.1-8

Lunes               | El poder de Jesús para perdonar y sanar. Lucas 5.17-26

Martes             | Curación de un paralítico. Marcos 2.1-12

Miércoles        | Sanidad de Eneas en Lida. Hechos 9.32-35

Jueves              | Sanidad del cojo en Listra. Hechos 14.8-10

Viernes            | Sanidad del paralítico en el estanque de Bethesda. Juan 5.1-9

Sábado             | Dorcas es resucitada. Hechos 9.36-42

 

2. Lectura Devocional:

Marcos 2.1-12

 

PASAJE IMPRESO:

Hechos 3.1-10

1  PEDRO y Juan subían juntos al templo a la hora de oración, la de nona.

2  Y un hombre que era cojo desde el vientre de su madre, era traído; al cual ponían cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo.

3  Este, como vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, rogaba que le diesen limosna.

4  Y Pedro, con Juan, fijando los ojos en él, dijo: Mira a nosotros.

5  Entonces él estuvo atento a ellos, esperando recibir de ellos algo.

6  Y Pedro dijo: Ni tengo plata ni oro; mas lo que tengo te doy: en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.

7  Y tomándole por la mano derecha le levantó: y luego fueron afirmados sus pies y tobillos;

8  Y saltando, se puso en pie, y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios.

9  Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios.

10  Y conocían que él era el que se sentaba a la limosna a la puerta del templo, la Hermosa: y fueron llenos de asombro y de espanto por lo que le había acontecido.

 

COMENTARIO BÍBLICO

3.1-5 PEDRO y Juan subían juntos al templo… Dios permita que siempre encontremos a alguien que nos acompañe a ir a la casa de Dios; al hacerlo, con sincero corazón, sin duda alguien se beneficiará de ello con solo vernos. Se puede gozar como dice el salmista: “Yo me alegré con los que decían: A la casa de Jehová iremos” Salmo 122.1. Unámonos y vayamos juntos a la oración, pues la oración es una necesidad espiritual.

3.6, 7 Y Pedro dijo: Ni tengo plata ni oro… No es plata ni oro lo que habremos de dar a las gentes, aunque eso es lo que ellos buscan en la Iglesia; es la bendición tan grande de conocer al Dios vivo y verdadero, que no solo nos da la sanidad de nuestros cuerpos, sino la sanidad más importante que es la del alma. El cojo tuvo que creer en las indicaciones que Pedro le daba en el nombre del Señor Jesucristo, y solo así obtuvo la sanidad.

3.8-10 Y saltando, se puso en pie… No hay mayor gozo que cuando el pecador comprende que ha recibido el don más preciado de parte de Dios; la salvación es el más grande tesoro que debemos anhelar. Las demás cosas recibidas son añadiduras que sin duda nos alegran mucho también. Este hombre sano lo demostró, entrando al templo y manifestando que estaba completamente sano y nada le impedía demostrarlo.

TEXTO AUREO:

Hechos 3.6

“Y Pedro dijo: Ni tengo plata ni oro; mas lo que tengo te doy: en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.”

 

LUCES DEL TEXTO AUREO

Pedro y Juan subían juntos al Templo cuando encontraron a un hombre cojo desde el vientre de su madre, de más de cuarenta años. Al verlo, Pedro le dijo: «Mira a nosotros», y el hombre fijó su atención, despertando en su corazón el inicio de la fe. Entonces Pedro añadió: «Ni tengo plata ni oro; mas lo que tengo te doy. En el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda». Aquellas palabras, llenas de poder divino, comunicaron virtud sanadora que fortaleció los miembros debilitados del paralítico, causando asombro en todos los que presenciaron el milagro.

 

PREPARACIÓN DE LA LECCIÓN

 

Punto Histórico

Tiempo: Escrito entre el 60-62 d. C.; los acontecimientos ocurrieron poco después de la fiesta de Pentecostés, alrededor del año 30-33 d.C. 

Lugar: En Jerusalén. Una de las puertas del templo.

 

Diccionario Bíblico   

Milagro. Un acontecimiento que involucra la acción directa y poderosa de Dios, que trasciende las leyes ordinarias de la naturaleza y desafía las expectativas comunes del comportamiento. Los milagros son sucesos extraordinarios que solo pueden atribuirse a la obra sobrenatural de Dios y que demuestran Su intervención en la historia humana.

 

Verdad Central

El encuentro entre Pedro, Juan y el cojo revela que la mayor necesidad del hombre no es material, sino espiritual. En el nombre de Jesucristo, el poder de Dios transforma lo imposible y conduce a una vida de alabanza.

 

 

Doctrina de la Lección

La sanidad del hombre cojo nos dirige a contemplar al Señor Jesucristo como el verdadero sanador y autor de los milagros. Hoy vivimos tiempos en los que muchas personas buscan ser sanadas de diversas enfermedades, pero esta historia nos recuerda que no debemos poner nuestra confianza en los hombres sino en Dios.

 

BOSQUEJO “La Sanidad de un Cojo”

 

Propósito: Que acudamos al Señor Jesucristo buscando la salud del cuerpo y del alma, confiando en su misericordia, para testificar de sus maravillas.

 

Enseñanza toral: Los siervos de Dios no hicieron campañas de sanidad ni realizaron milagros con espíritu de exhibicionismo. Su misión es predicar al Señor Jesús como Salvador de los pecadores, pero a través de ellos se hicieron muchas maravillas en el nombre de Jesucristo, Él es el mismo ayer, hoy y siempre.

Introducción: Los discípulos del Señor asistían al templo todos los días, especialmente a la hora de la oración. Había oración tres veces al día, a las 9, a las 12 y a las 3 de la tarde. El acontecimiento que vamos a estudiar sucedió cuando los apóstoles Pedro y Juan llegaron al templo a la hora de nona.

 

I. En la puerta la Hermosa, vv. 1-5

a) Por Pedro y Juan. Estos dos apóstoles fueron al templo juntos, como cuando el Señor los envió a predicar el evangelio de dos en dos, (Mar. 6.7). Juan y Pedro tenían cada uno un hermano en el cuerpo apostólico, pero ellos se unieron para edificar su vida espiritual por medio de la oración. Así debemos hacerlo también nosotros para ir al templo y llegar a la hora que inicia el culto, porque el Señor nos enseña acompañarnos para ir al templo (Sal. 122.1). Especialmente al culto de oración.

b) A la hora de nona. Así se le llama por ser la hora novena; a partir de las seis de la mañana a las tres de la tarde se le conoce como la hora de nona. No había mensaje o explicación de la Palabra de Dios, sino que asistían a orar con la seguridad de que Dios oiría sus plegarias. En la puerta del templo, la Hermosa, encontraron a un hombre cojo de nacimiento; lo llevaban al templo no para adorar a Dios, sino para pedir limosna. Quizá era usado como fuente de explotación. Vamos al templo por necesidad espiritual, no por provecho material.

c) Al pedir limosna. El cojo no sabía que Pedro y Juan eran apóstoles del Señor; creyó que eran simples feligreses que podían darle unas monedas. Ellos no lo pasaron desapercibido, sino que al pedirles ayuda se detuvieron para atender al necesitado. Posiblemente se acordaron de la parábola del buen samaritano narrada por su Maestro (Luc. 10.25-37). Lo miran compasivamente como lo hizo el Señor Jesús (Mat. 8.5-7). Así debemos atender a los que sufren, mostrándoles de esta manera el amor de Dios.

 

II. Por obediencia y fe, vv. 6-7

a) Puso atención. Los dos apóstoles se compadecieron de él, pero no tenían dinero para darle, solo le dijeron que los mirara fijamente. Él los obedeció esperando la limosna, porque creyó firmemente que iba a recibir algo de ellos. Jamás imaginó que le darían algo más valioso. Pero puso atención a las instrucciones que le dieron. Para recibir las bendiciones del Señor, atendamos su Palabra no solo con los ojos, sino también con el alma, llegando al trono de su gracia con fe y recibiendo lo que necesitamos (Heb. 4.16).

b) Dos recursos más valiosos. El oro y la plata no podrían satisfacer la necesidad de este hombre, pero sí la obediencia y la fe. Los apóstoles no tenían dinero para darle, pues eran de recursos limitados. Sin embargo, echaron mano de lo más valioso que tenían: la fe en el nombre y poder de Jesucristo de Nazaret (Mar. 16.17-18). La salud de aquellas extremidades inactivas durante toda la vida de este hombre era más valiosa. Dios nos dará siempre lo que en verdad necesitamos para nuestro bienestar.

c) Recibe la salud. Posiblemente con gran voz el apóstol Pedro le ordenó al cojo que se levantara, pero la sanidad no vino del poder de Pedro, sino del Señor Jesucristo, el cual es todopoderoso para sanar nuestros males conforme a su voluntad. Pedro lo levantó tomándolo de la mano derecha, aunque él ya podía hacerlo. Aun cuando Dios nos ha dado muchas capacidades, nos tiende su mano para usarlas, porque sin Él no lo podremos hacer (Jn. 15.5).

 

III. Su alabanza, vv. 8-10

a) En el templo. Al sentirse sano este hombre, su primer impulso fue entrar al templo para dar gracias a Dios y acompañar a los apóstoles en la oración. Siempre se había quedado en la puerta a pedir limosna, pero ahora nada podría reprimir la profunda alegría que sentía en su corazón; por eso, con saltos de agradecimiento a Dios, lo alababa. El Señor espera que la gente creyente sea agradecida y le busque en su casa de oración para darle gracias por todas las bendiciones que recibe (Col. 3.15).

b) Un testimonio fiel. El hombre que había sido cojo mostró su alegría ante todos los presentes. Testificó públicamente de lo que Dios había hecho en su vida, y nadie podía negarlo, pues conocían perfectamente al mendigo y sabían que realmente era cojo desde su nacimiento. La verdadera sanidad lleva a la alabanza y se convierte en un testimonio público del poder del Señor, que trae a otros a la fe en Cristo.c) Atrajo la atención de todos. Las personas que lo vieron andar y saltar, después de mirarlo tanto tiempo sentado pidiendo limosna en la puerta del templo, la Hermosa, se asombraron grandemente ante aquel milagro, que les produjo un reverente temor, reconociendo que algo sobrenatural y santo había ocurrido. Lo que para los hombres es imposible, posible es para Dios (Luc. 18.27). Los corazones de ellos estaban listos para oír y aceptar el mensaje del evangelio, lo cual aprovecharon los apóstoles para continuar predicándoles la Palabra de Dios.

 

Conclusión: Las maravillas que el Señor hace en nuestra vida son para su gloria y alabanza. Pero testifiquemos de ellas para que otras personas conozcan al Dios Todopoderoso y crean en Cristo como su Salvador.

 

CATECISMO MENOR. Pregunta 71 

¿Qué se exige en el séptimo mandamiento?

El séptimo mandamiento exige que preservemos nuestra propia castidad y la de nuestro prójimo, en corazón, palabra y comportamiento. 1ª Co. 7.2, 3, 5; 2ª Ti. 2.22; 1ª Ts. 4.3-5; Ef. 4.29; 5.11, 12; 1ª P. 2.2.


APLICACIÓN DE LA LECCIÓN

ANÁLISIS SINTÉTICO | “La Sanidad De Un Cojo” Hechos 3.1-10

1. A la hora de la oración

2. En la puerta del templo

3. Que pedía limosna

4. En el nombre del Señor Jesucristo

5. Todo el pueblo fue testigo

 

Cuestionario

1. ¿Cuál era, la hora de la oración?

2. ¿Para qué, este hombre cojo era traído a la puerta del templo?

3. ¿Cómo fue sanado este hombre?

4. ¿Qué hizo después de ser sanado?

5. ¿Qué aprendimos hoy?

 

Enseñanzas Prácticas

1. La oración es una necesidad y un deber del creyente, por eso no la debemos descuidar en nuestra vida privada y también debemos acudir a la casa de Dios, para que juntos con los demás hermanos, oremos al Señor. No olvidemos, que la oración del justo, obrando eficazmente, puede mucho.

2.   Sin lugar a duda, todos sabemos que en el nombre del Señor Jesús hay poder, y su poder no conoce límites. El cojo de nacimiento, que seguramente no esperaba su sanidad, sino solo una limosna, por la gracia y poder del Señor recibió lo más grande en su vida, la sanidad. Hermanos, nosotros también, hemos recibido más de lo que esperábamos; por esto, alabemos a Dios, como lo hizo aquel hombre que fue sanado.

 

ILUSTRACIÓN. Examen diario

Pitágoras, uno de los más célebres filósofos de Grecia, les escribía a sus discípulos que todas las noches reflexionaran y se hicieran las cinco preguntas siguientes: 1. ¿En qué he empleado el día de hoy? 2. ¿En dónde he estado? 3. ¿A quién he visto? 4. ¿Qué he hecho a favor de otras personas? 5. ¿Qué podía haber hecho y he dejado de hacer? Estas sabias preguntas de un filósofo que no conocía a Cristo son mucho más necesarias a quienes viven no solo para esta vida, sino a la luz de la eternidad. Que la lección de hoy nos impulse a hacer el bien a los demás, no con plata u oro, sino con el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Amén.


  • Facebook
  • Twitter
  • LinkedIn

©2026 Iglesia Nacional Presbiteriana Conservadora de México. SMC™ TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.

bottom of page