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Lección 14 Abril 05 de 2026

  • Admin
  • hace 5 días
  • 3 Min. de lectura

PARA JÓVENES E INTERMEDIOS “El Ministerio de Esteban”

 

Propósito: Enseñar a los jóvenes que, para ser usados por Dios, es necesaria la consagración, a fin de que se motiven y se esfuercen en su vida espiritual cada día.

 

Introducción: En esta lección aprenderemos sobre el ministerio de uno de los primeros defensores (apologistas) del evangelio: Esteban, uno de los diáconos, sostuvo debates con los judíos de su tiempo. Se nos dice que nadie podía hacerle frente. ¿Jóvenes, les gustaría ser como Esteban?

 

I. Lleno de Gracia y Potencia, v. 8

a) Lleno de gracia. Esto implica que el carácter de Esteban era bondadoso, misericordioso, compasivo, del mismo modo que Jesús es descrito como “lleno de gracia y de verdad” (Juan 1.14); esta virtud es necesaria para el ministerio del diaconado donde se necesita estar dispuesto a servir y dar.

 

b) De poder. El poder de Esteban era evidente en los milagros que hacía; esto se debía al hecho de que era un hombre lleno del Espíritu Santo (6:3,5); en aquella época Dios les concedió a sus siervos realizar milagros por el poder del Espíritu Santo para respaldar el mensaje que predicaban, era una señal para los incrédulos.

 

c) Consagración. La palabra de Dios nos manda que crezcamos en la gracia (2 Pedro 3.18) y que seamos llenos del Espíritu Santo (Efesios 5.18). Esto significa que es algo que debemos buscar y que es nuestra responsabilidad y deber hacerlo. Esto es necesario para ser instrumentos útiles para el Señor. Nuestra oración constante debe ser: “Fuente de gracia yo quiero ser y un manantial de tu amor”.

 

II. Con Sabiduría del Espíritu, vv. 9-11

a) En las sinagogas. Eran lugares donde se reunían los judíos para leer y escudriñar las Escrituras los sábados, ya fuera dentro del territorio judío o en las ciudades de todo el Imperio Romano. Esta práctica comenzó en el exilio babilónico, cuando los judíos no podían estar en el templo en Jerusalén. Según podemos ver en el libro de los Hechos, los primeros cristianos tenían la costumbre de evangelizar primero en las sinagogas a los judíos y después a los gentiles.

b) Los grupos que aquí se mencionas. Libertinos, cireneos y alejandrinos, de Cilicia y de Asia, eran judíos conocedores de la ley de Moisés y de los escritos de los profetas. Procedían de diversos lugares del Imperio Romano. No se nos dice cuál era el tema específico del debate, pero seguramente tenía que ver con Jesús, en quien se cumplen todas las profecías como el Mesías y Salvador (vers. 14).

c) Un excelente apologista. Evidentemente, Esteban sabía argumentar y fundamentar sus afirmaciones en la palabra de Dios, de manera que se dice que nadie podía ganarle en el debate, porque hablaba con sabiduría. Esto fue el cumplimiento de una promesa de nuestro Señor Jesucristo (Lucas 21.15). Jóvenes, hoy necesitamos hombres valientes y capaces de defender y proclamar la verdad.

 

III. Sufre Oposición, vv. 12-15

a) Conspiración en su contra. Al ver que no podían vencerlo en el debate, recurrieron a acciones muy perversas: alborotaron al pueblo y buscaron falsos testigos para acusarlo ante el concilio. Debemos ser conscientes de que nuestra lucha es contra el diablo, quien nos odia y aborrece hasta la muerte. Es por eso que los que se oponen a la verdad siempre van a actuar de una forma muy violenta.

 

b) Las acusaciones. Blasfemia contra el templo y contra la ley de Moisés. Estas blasfemias consistían, según ellos, en decir que el templo sería destruido por Jesús y que además se cambiaría la ley de Moisés. Ellos lo acusaron de esto, quizás porque estos temas posiblemente se trataron en el debate, pero no era eso precisamente lo que Esteban dijo. Recordemos que los judíos eran muy dados a malinterpretar lo que se decía, pero sobre todo, fue porque, de acuerdo con la ley, la blasfemia se castigaba con la muerte. Ellos buscaban matar a Esteban, así que tergiversaron sus palabras para poder condenarlo.

 

c) El resplandor de su rostro. Se entiende que le sucedió algo similar a lo que le ocurrió a Moisés cuando recibió las tablas de la Ley (Éxodo 34.29-33). Era una forma en que Dios lo estaba reivindicando y respaldando en sus enseñanzas, y también una señal para sus enemigos. Sin embargo, nada de esto hizo que los judíos reflexionaran ni desistieran de sus malvadas intenciones.

 

Conclusión:

Amados jóvenes, nuestra iglesia necesita hombres de verdad, llenos del Espíritu Santo, con un carácter lleno de gracia y, al mismo tiempo, muy valientes, que no se avergüencen de defender y proclamar la verdad.


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